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Entrevista / Interview
JULI CAPELLA
LO NORMAL ES SER DIFERENTE

Con esta frase, el arquitecto catalán Juli Capella –también diseñador y editor–, define la situación actual del diseño:
consumidores en busca de un producto personalizado. Habla además acerca de su trayectoria y presenta sus últimos
trabajos, los Hoteles Omm y Diagonal, ambos en la ciudad de Barcelona.

 

1] Revista Ardi, 1988-1994.

2] Revista De Diseño, 1984-1987.
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CM- ¿Puede el arquitecto intervenir en todas las disciplinas relacionadas con del diseño?
JC- Una concepción que proviene de Italia dice que el trabajo del arquitecto va desde “il cucchiaio a la città”, es decir de la cucharita de té al urbanismo, pensamiento con el que concuerdo ya que todas estas disciplinas creativas tienen tres etapas que les son comunes: la primera es tener una idea, lo que sucede tanto en arquitectura como en el diseño de un bolígrafo o de un traje. La segunda es dibujarla. Si no existe un plano, una maqueta, un patrón, no hay arquitectura ni diseño industrial, y tercero y último, es encontrar una industria o un constructor que la haga
realidad. Esto es común a toda disciplina creativa. Entonces, desde ese punto de vista, creo que el arquitecto y el diseñador pueden intervenir en la creación de la cosa más ínfima y también en el planeamiento de una ciudad. Esto en teoría, porque en la realidad la práctica profesional nos ha encajonado y resulta que hay quien hace solo paisajismo, quien diseña instalaciones o mobiliario o trajes… Pero, ¿qué es un traje? Es un objeto diseñado, por tanto existió una idea, un dibujo, un fabricante y un constructor. Así es como yo lo entiendo y lo vivo. Siempre
me pareció que el cambio de escala es algo poco importante si lo comparamos con todo lo que tienen en común estas disciplinas.

3] Lo normal es ser diferente. El gráfico ilustra el pensamiento
de Juli Capella acerca de la situación actual del diseño.
En el cuadrante superior izquierdo se ubican los objetos de gran
tirada y que a la vez son económicos: su éxito se basa en el precio.
En el superior derecho, los que también son de gran tirada pero
muy caros, como el bolso Hermes o un mueble de diseño en los
que su atractivo está en su marca prestigiosa.
En el cuadrante inferior derecho, se da la combinación
“muy caro” y “pieza única”, como un cuadro de Picasso o una
joya: su valor está en la firma del autor.
Por último, en el inferior izquierdo, se refleja la situación hacia
donde se dirige el hoy el mercado del diseño: la de la
personalización. Es decir, la combinación de una pieza única
y económica. Son aquellos objetos a los que valoramos
sentimentalmente por ser muy personales, tienen un buen precio
y además poseen el agregado de tener un buen diseño.

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CM- Esta visión integradora quita protagonismo al arquitecto como figura y enmarca a la arquitectura y al
diseño como un servicio y una función social...
JC- A mí me gusta por encima de todo el diseño, que incluye a la arquitectura. No me interesan para nada el diseño de objetos o de grandes edificios, sino el diseño en tanto y en cuanto sirve al ser humano, a las personas. Tengo una visión humanista y social del tema. Para mí las sillas son útiles si hacen más felices a las personas, y los edificios, si quienes viven están a gusto en ellos, y no para lucirme como arquitecto o para hacer esculturas.
Eso sería ser artista y yo no lo soy, soy diseñador profesional.
Sirvo a los intereses y deseos de la gente, no a los míos.
Desde esta perspectiva me gusta orientar mi trabajo desde dos facetas muy diferentes, pero que veo complementarias:
la primera es descubrir, apasionarme y entender lo que hacen los demás que es lo que me llevó a hacer revistas sin tener ningún conocimiento al respecto, como fue la Ardi, pero que era un medio que me permitía satisfacer mi voraz curiosidad y entrevistar a quien se me daba la gana. Así llegué a conocer a Philippe Stark, Ettore Sottsass y muchos otros. Ahora también hago libros, exposiciones, es decir actúo como promotor de lo que considero buena arquitectura y buen diseño.
Mi otra faceta como diseñador y creador es haciendo edificios. Esto no es obligatorio, esto es porque a mí me ha salido así en la vida. Voy un poco predicando y me interesa divulgar lo que considero buena arquitectura pero por otro lado ejerzo como profesional porque no me gustaría ser un crítico frustrado.
Siempre me dio mucha rabia la gente que solo escribe y critica a los demás sin haberse enfrentado a la realidad. Pero también me da rabia “al revés”, con el que solo construye en forma endogámica y egoísta y no le interesa la reflexión ni teorizar. He notado que esa gente acaba volviéndose autista y se olvida de la profesión. Solo quieren construir, construir y construir, ganar dinero y no se reciclan, no siguen aprendiendo y quedan encajonados. Por eso mi opción es hacer ambas cosas, por un lado práctica profesional y por otro reflexionar constantemente.
No me interesa ser una figura, me interesa mucho más lo que hacen los demás que lo que hago yo. Mis conferencias tienen imágenes de lo que hacen otros. Por lo que mi compromiso es difundir la arquitectura útil para la sociedad y hacer política de esto. La realidad es que me gustaría ser político y no arquitecto.
Lo digo metafóricamente, es decir, buscar trasformar el mundo para que sea mejor.

4] Centro de Ocio Heron
City, Barcelona.

5] Centro de Ocio Zigzag,
Madrid.
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CM- Como editor de arquitectura realizas libros y fuiste director de revistas como De Diseño y Ardi, además de
trabajar de editor de diseño para Domus...
JC- Sí, también trabajé en El Croquis. Estuve cuatro años en el consejo editorial; hice la monografía de Bach y Mora y la deMiralles. De hecho, la revista De Diseño estaba editada por El Croquis.

CM- Cuando comencé a interesarme en la publicación de arquitectura, una de mis revistas preferidas era Ardi,
justamente por la fusión que lograba de las distintas disciplinas relacionadas con el diseño de una forma más
libre de lo que podría ser el estilo de Domus. Esta forma de editar acercaba mucho el diseño al lector.
JC- Ardi tenía la frescura que le da el atrevimiento que tienes cuando eres muy joven. Ahora no la haría así, más bien no sabría cómo hacer una revista de diseño. Es que a esa edad no le tienes miedo a nada. Si algo me gustaba, pues lo publicaba y lo hacía a mi manera y entonces el resultado era algo muy original. Yo no por Cayetana Mercé
creo que fuera una gran revista. En una charla, Ricardo Blanco ha estado muy simpático y ha dicho algo que me ha hecho mucha ilusión: dijo que era la primera revista que editaba el diseño en unas coordenadas más latinas. Pero en realidad era muy naif, tanto que solo publicábamos lo que nos enterábamos y lo que nos gustaba. Era muy poco rigurosa en ese sentido pero era una búsqueda. La idea era mostrar aquello que te entusiasmaba… como cuando descubres una película que te gusta y se lo vas contando a todos. Con ese entusiasmo te vuelves un divulgador muy convencido. Lo mejor que tenía era la mezcla de arquitectura, diseño, moda, interiorismo, arte que incluso Domus no hacía. En esa época ellos más bien publicaban arquitectura y a veces sacaban algún número de diseño.

CM- Creo que eso es algo muy destacable de Ardi...
JC- Creo que una revista de este estilo podría hacerse aquí. Es muy importante que las revistas nazcan en las coyunturas de eclosión y creo que aquí estáis viviendo eso… es decir, una fórmula especial que solo puede hacerse en ese lugar específico. Como lo fue en ese momento de España, Ardi. Confieso que ahora no sabría cómo hacer una revista de arquitectura. Yo estoy muy molesto con las revistas porque solo dan información,
no me gusta porque todas dan más o menos lo mismo. Antes o después, todas habéis publicado lo de Herzog y de Meuron, lo de Prada que está muy bien… pero me gustaría que reflejasen más una ideología que mera información. Ahora no hay una selección, no se la elige ni se la digiere ni se la organiza. No hay tendencia, solo hay exposición. Y al final todas se confunden. Ya no sé en cuál vi tal reportaje o tal obra porque todas se parecen.
Una revista tiene de fascinante esos microsegundos de sorpresa cada vez que pasas una página. Ahí hay una magia que creo que se puede explotar. Ir creando pequeñas parcelas alternativas dentro del propio producto que yo entiendo que además es un producto comercial.
Si lo que se busca es comunicar se está haciendo mal porque por un lado están los largos artículos teóricos y por otro las bellas fotos de los edificios y creo que lo que hay que tratar de unir son conceptos e imágenes.

6] Hotel Omm,
Barcelona.

7] Hotel Diagonal
Barcelona, Barcelona.
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CM- Pasemos al diseño. “Lo normal es ser diferente” es el título de tu tesis acerca de la personalización en el diseño de objeto. ¿Podrías hacerme un resumen de esos conceptos?
JC- En la Revolución Industrial se pensó que se iba encontrar el objeto único que iba a servir para toda la humanidad: “la silla”, “la lámpara”, o “el bolígrafo” y que producidos en forma masiva iban ser muy baratos y por lo tanto algo bueno para todos. Pero como aún no ha nacido nadie que sea igual a otro, la gente necesita cosas diferentes. Lo normal es ser diferente, no ser igual a otro. Por tanto, hoy día, la sociedad post-industrial permite,
a través de la digitalización, las computadoras, la tecnología, etc., hacer producciones industriales en las que una parte es muy barata, pero cuyos acabados y terminaciones son a la medida de cada uno. Este es un paso a favor de un diseño más humanista y personal. Prueba de ello es el reloj Swatch o cualquier reloj que hoy lleva la gente. Hacia los años ‘70 había solo tres marcas y tres modelos. Que hoy los relojes sean diferentes no quiere decir que
den la hora de forma diferente, lo distinto es la percepción en la muñeca de cada uno, a la vista, según la preferencia en la variedad que es infinita y por tanto se adapta al gusto de cada uno. Esto también pasa con los coches: son todos iguales en la medida que tienen cuatro ruedas, pero es casi imposible encontrar dos coches iguales porque hay personalizaciones para cada uno: según la forma de vivir del usuario, su estatus
económico, el tipo de familia, si es un deportivo, etc. Es decir, finalmente, los objetos están representándonos y como todos somos diferentes, pues los objetos también deben ser diferentes.
Aquí hay una opción fantástica tanto para diseñadores que quieran innovar como para empresarios que quieran hacer dinero. Este hueco que queda, es muy bonito porque es el relacionado con lo afectivo y es donde el valor del objeto no es solo porque funciona sino porque me recuerda a alguna cosa, es decir donde los valores son humanos. Aquí todo encaja y no es que yo sea un profeta sino que se ve venir que vamos cada vez más hacia objetos más humanos y únicos.

CM- La personalización también puede verse como incentivo para el consumo porque la gente cambia, los gustos también y uno va a querer algo nuevo todo el tiempo. ¿Esto es así?
JC- Es verdad que hay una contradicción si se piensa que el diseño personalizado es una especie de capricho, una cosa epidérmica o estética, es decir, que el cambio lleve al absurdo de la innovación por la innovación misma. Entonces lo que hay que tener en cuenta es que esto solo sirve si te hace sentir liberado de las garras del consumo. Estamos hablando de consumidores conscientes, que se dan cuenta que pueden prescindir de cosas.
El mejor diseño es el “no diseño”. En casa tenemos demasiadas cosas absurdas, por eso digo que solo tengamos las más apropiadas para cada uno, las más individuales. Por lo cual sí existe el riesgo de caer en el consumismo, pero también creo que la educación y la cultura de la gente lo evita. Hay mucha gente que cae más facilmente en la garras de la sociedad de consumo y va siguiendo lo que le dice la televisión. Pero afortunadamente cada
vez se sabe más y las personas son más listas. Al consumidor lo engañan una vez pero no habrá una segunda. Va a existir una buena sinergia: por un lado, la concientización de la gente que tiene que elegir y por otro lado empresarios que ofrezcan cosas mejores y que sintonicen con lo que el consumidor va a querer.

CM- ¿Se puede saber lo que la gente va a querer? ¿Cómo encontrar un nuevo tema de diseño?
JC- Lo que sucede es que no hemos de diseñar un nuevo objeto para un mismo uso. Si hay algo que está resuelto y funciona, pues ya está. Hemos de tener la conciencia de que nosotros no necesitamos cosas ni objetos. Necesitamos servicios. Esto dicho así parece algo obvio pero con un ejemplo se entiende: ¿usted por la mañana necesita un grifo? No, lo que usted necesita es agua caliente o fría, un desagüe y todo esto hoy en día te lo da
un grifo. Pero imaginemos que encontramos un diseño y un sistema que no necesite un grifo, que solamente mirándolo o hablándole cayese la cantidad de agua necesaria. Sería muy liberador porque te darías cuenta que el diseñador, cuando le dicen que haga una silla, en realidad no necesita diseñar una silla sino algo que lo mantenga a uno confortablemente sentado.
O cuando te piden un vaso no se necesita un vaso sino algo que contenga el agua. O sea que hay que ser muy humildes y entender que lo que hasta ahora se ha hecho es hacer objetos que nos ayudan a tener un servicio pero que eso no ha acabado ahí. La historia de cada objeto puede ir cambiando con un diseñador astuto y renovándose con nuevas tecnologías. Por ejemplo, todos los vasos se rompían porque eran de vidrio y de cerámica, hasta que en los años ‘50 salió el vaso de plástico, una gran revolución. Cuando hay una nueva tecnología hay una
oportunidad de diseño muy buena y hay que estar atentos ahí.

CM- Vamos a tu trabajo de arquitecto. ¿Cómo se compone el Estudio Capella-García? ¿Qué tipo de encargos reciben?
¿Son de clientes privados o participan de concursos como tantos estudios españoles contemporáneos?
JC- Mi estudio es absolutamente tradicional, en el que nos gusta hacerlo todo, desde conseguir el encargo, dibujarlo, hacer el proyecto básico, de ejecución, la dirección de obra y diseñar hasta el lavabo, la iluminación, la gráfica. Es decir el diseño integral. Es un estudio mediano porque está hecho a la medida de lo máximo
que podemos abarcar. Tengo un socio desde hace un par de años que se llama Miquel García y sé que juntos no podemos tener más de dos o tres proyectos al mismo tiempo. Entonces, en este sentido es un estudio muy artesanal, nos gusta hacer las cosas bien y en profundidad. Todo sale de allí y disfrutamos dando este
servicio al cliente hasta el final. No me considero un artista, yo resuelvo problemas de los clientes con ingenio, ese es mi objetivo.
Disfrutamos de una labor creativa y además nos ganamos la vida. No nos presentamos en concursos, los clientes que tenemos son privados y no trabajo para la administración pública porque ahora no nos hace falta.

CM- En los edificios europeos de gran formato que estamos conociendo se ve un enorme esfuerzo en el tratamiento de las superficies, de sus pieles, con revestimientos sofisticados y muy caros. En el caso de ustedes, el edificio parece pensado de adentro hacia afuera. Hay mucho puesto en el diseño de interiores. ¿Esto es algo voluntario o consecuencia de los programas que les ha tocado diseñar?
JC- Yo creo que siempre la fachada tiene que ser la expresión del interior pero en la fachada hay un plus que está muy claro. Así como el interior lo habita la gente que lo ha comprado, lo ha pagado, por lo tanto es suyo, el exterior no es del promotor o de quien ha comprado el edificio. Por ejemplo el Faena Hotel,
no es del señor Faena, es de todos los ciudadanos, de toda la ciudad. Porque está ocupando un espacio público donde antes había aire y el aire es de todos. Por lo tanto la piel cobra una importancia radical. Pienso que no está mal esta generación de edificios muy “epidérmicos” porque van a ser un símbolo que va a estar viendo mucha gente. Ahora bien, a veces son solo piel, una cosa escultórica que adentro no tiene nada que ver.
Eso es lo que a mí me molesta y me parece mala arquitectura. Yo propongo que la fachada salga de adentro pero también justifico que se le tenga una atención especial.

CM- Los centros de ocio Zig Zag de Madrid y el Heron City de Barcelona fueron dos de sus trabajos más importantes. ¿Cómo se logra provocar con la imagen y el lenguaje sin caer en el kitsch o lo sobrediseñado?
JC- Siempre que trabajas para el ocio estás en esa línea. El que lo niega seguramente hace un sitio feo. Yo he visto
discotecas racionalistas pero no va nadie. Tú tienes que ser expresionista haciendo ocio.
Creo que lo que no hay que hacer es copiar el modelo yankee norteamericano. Cuando hicimos el Heron City, me obligaron a ir a EE.UU., a Orlando y cuando volví me preguntaron qué tema escogería, si el cine o cuál y contesté que no iba a tematizar el programa. Elegí como referente a la ciudad a Barcelona y su plan maestro, inspirándome en la propia ciudad, e hice una plaza abierta que querían cerrar porque en América es necesario poner aire acondicionado. Pero en Barcelona no. Además solo llueve 20 días al año y quedó como la plaza del pueblo pero del siglo XXI.
Traté de no caer en el kitsch pero sí hay espectáculo, dando con el gusto popular.

CM- En cuanto a los últimos trabajos, los hoteles OMM y Diagonal Barcelona, ¿cúales fueron las premisas que los
rigieron?
JC- Una premisa muy clara. Yo no creo que estar en un hotel deba ser como estar en casa. Hay quien dice que lo mejor de un hotel es sentirse como en casa y yo creo que no es así: como ya tienes casa y estás muy bien en ella, nadie lo va a superar o al revés, a veces la casa propia es una tortura y no se está a gusto. Entonces, ya que se va a un hotel, pues que sea totalmente diferente. El concepto es que sea una Experiencia. Cuando vas a un hotel ya no vas solo a dormir, no es la posada, la pensión de antaño, sino que vas a vivir algo.
La experiencia es entrar a un sitio y que te vayan pasando cosas, quieres tener un ámbito que no es un ámbito doméstico sino más bien de sorpresa y de magia. Ahora, cuando llegas a la habitación, lo que quieres es calma, más en un hotel urbano. Busco por un lado experiencia y por otro, tranquilidad y sosiego, que en nada tienen que ver con el camino del lujo, al que odio. Creo que además pone de mal humor. En un hotel lujoso estás a disgusto, encogido, vas mirando, estás mal. En cambio sí creo en el confort. Todo tiene que ser suave, confortable, todo sencillo, fácil de limpiar y fresco. En el Omm esta idea se ve muy clara. Como se encuentra justo en el centro de la ciudad pensamos la fachada como una hoja, una cartulina que la abres y a la que has abierto ventanitas.
Entonces por un lado enfocas la ciudad para ti y por otro nadie te ve, logrando así algo muy difícil: precisamente no tener que esconderte de la agresión exterior. Pusimos un vidrio muy fuerte para evitar los ruidos aunque uno está volcado al medio de la calle. Abajo hicimos una entrada bastante revolucionaria para un hotel de Barcelona. Está abierta al público, es compartida con la ciudad siendo comedor, restaurante, sitio de espera. Hoy en día va mucha gente, por la noche van a tomar copas y al mediodía hay un restaurante más sofisticado y otro, menos. Funciona con un hotel encima y no al revés, el hotel como una cosa privada donde solo entra la gente del hotel.

CM- Aquí los llamamos “Hoteles de Diseño”, los que disitinguimos de los temáticos, aunque en ambos casos
se busca provocar al visitante, proponerles una experiencia dentro del espacio hotel y así distinguirse del resto.
Esto acerca el diseño interior a lo que hablábamos antes de la personalización de los objetos, pero esta vez aplicado al mundo de la arquitectura.
JC- Yo estoy en contra de llamar a este tipo de hoteles “de diseño”. ¿Es que los demás no están diseñados?
Se los podría llamar “hotel diseñado de tango”, “hotel diseñado americano”, pero fíjate que todos estás diseñados. Cuando me preguntan si los míos están diseñados, respondo que sí, pero también los otros. Por ejemplo un Hilton también está diseñado, no hay nada librado al azar, más bien híper diseñado. Ahora, es un diseño estándard, de falso lujo, pero diseñado está.
Con respecto al tema de la personalización es exactamente así. Por ejemplo hay uno en Madrid, el Puerta de América, en el que cada planta es de un diseñador y esto va a ir in crescendo.
Uno va con su mujer y puede elegir una habitación más romántica o vas en plan yuppie y buscando algo parecido
a una oficina. O sea dependiendo de tu estado de ánimo, del motivo del viaje, se puede cambiar. La gracia es que
el hotel te ofrezca esta variedad, por lo tanto no es de extrañar que los hoteles, a partir de ahora sean “muy de diseño” y haya mucha variedad en sus propuestas. La gente tendrá muchas opciones.
Los hoteles estándard están muertos, las cadenas han bajado absolutamente de nivel. Lo que era un estándard de confort, por ejemplo en los hoteles NH, ahora me disgustan porque cuando abres los ojos no sabes si estás en Roma, París, Milán o Tokio.
Esto ya no gusta. Ha sido el paso y la evolución en la historia de los hoteles. Nunca más va a haber hoteles estándard, el que lo haga está perdido. Todos van a tener personalización, lo que es una buena noticia para los diseñadores. Va a haber trabajo y también para los hoteleros, que tendrán mucho más público en busca de nuevas experiencias.
Mi mensaje es optimista. El diseño es una disciplina seria, creciente, que involucra a muchas personas y que puede mejorar la sociedad. Aquí en Argentina se está cuajando algo en este respecto y vale apoyarlo y que la disciplina se una para actuar en conjunto.
Agradecemos la colaboración del Centro Metropolitano de Diseño y al Centro Cultural de España en Buenos Aires por hacer posible esta nota.